Uno de los principales inversores o promotores de esta cultura de la condensación de mensajes, adaptada a la época en la que la gente se comunicaba a través del telégrafo electromagnético de Morse, fue el congresista Maine Francis O. J. Simith con su manual: The Secret Corresponding Vocabulary; adapted for use to Morse´s Electro-Magnetic Telegraph: and also in conducting griten correspondence, transmitted by the mails or otherwise (“Vocabulario de correspondencia secreta; adaptado para su uso en el telégrafo electromagnético de Morse; y también para la correspondencia manuscrita, enviada por correo o por otros medios”).
Tal y como lo explica James Gleick en La información:
No era más que una lista alfabética numerada de cincuenta y seis mil palabras inglesas, desde Aaronic hasta zygodactylous, más las correspondientes instrucciones. “Suponemos que la persona que escribe y la que recibe el mensaje están en posesión de una copia de la presente obra”, señalaba Smith. “En vez de mandar sus comunicados en palabras, envían sólo números, o una parte en números y otra en palabras”.
Pero la obra de Smith, como otros tantos folletos y manuales del estilo, como el de E. Erskine Scott Three Letter Code for Condensed Telegraphic and Inscrutably Secret Messages and Correspondece, facilitaban una forma de comprensión de los mensajes, y en consecuencia una forma de que éstos salieran más baratos o se transmitieran más rápido.
Abreviar los mensajes significaba ahorrar dinero. Los clientes pensaban que la mera sustitución de las palabras por números servía de muy poco en este sentido: costaba lo mismo mandar un mensaje con “3747” que con “pirita”. Así, pues, los libros de códigos se convirtieron en diccionarios de frases. Su finalidad consistía más o menos en meter los mensajes en cápsulas, impenetrables a las miradas entrometidas y aptas para una transmisión eficaz. Y naturalmente, desde el punto de vista del destinatario, para sacarlos de ellas.Los manuales de encriptación y condensación de mensajes ya no sólo contenían palabras sino nombres geográficos, nombres de personas, empresas que cotizaban en bolsa, y hasta registros navieros.
En la próxima entrega de este artículo, veremos algunos de estos manuales en profundidad.
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